Sensibilidad sin igual

El Profeta Muhammad gozaba de una sensibilidad propia de él. Era un ser sublime, modesto y sin parangón. Veamos algo de eso en el siguiete hadiz: Abdullah Ibn Mas’ud, que Allah esté complacido con él, dijo: “Me dijo el Mensajero, al que Allah colme de bendiciones: ‘Recítame algo’. Dije: ‘¿Recitarte algo a ti si sobre ti ha descendido?’. Dijo: ‘Me gusta escucharlo de otro que no sea yo’. Comencé entonces a recitar la Sura de las Mujeres hasta que llegué a: ‘¿Y qué pasará cuando traigamos a un testigo de cada comunidad y te traigamos a ti como testigo sobre éstos? Ese día, los que se negaron a creer y desobedecieron al Mensajero desearán que se los trague la tierra, y no le ocultarán a Allah una sola palabra’ (4:41). Dijo: ‘Es suficiente’. Miré su rostro y vi que sus ojos derramaban lágrimas”.