Sed agradecidos

A toda hora hay que decirle gracias a Dios.
Dile, por ejemplo: Gracias por haberme levantado hoy por la mañana y por darme un día más de vida.
Gracias por perdonarme las malicias, soberbia y demás faltas.
Gracias por abrirme tus puertas, siempre, pese a que a veces me olvido de ti y me atrapa la locomotora de la vida, el trabajo, los hijos y otras pequeñeces.
Gracias por tu generosidad para conmigo.
Gracias por tu amor a un ser tan débil como yo; un ser tan frágil que no se compara con tus sólidas montañas y tu impresionante cielo. Dios, gracias, muchas gracias.