Hacía lo mismo

No hay contradicción alguna entre una vida plena y devota y a la par cumpliendo el musulmán con las obligaciones familiares y sociales.

Tanto el Profeta como el Corán nos enseñan que nuestras familias son una prioridad; supervisar la educación de los hijos y mantener la intimidad entre los cónyuges es primordial. La idea, pues, es encontrar un equilibrio apropiado. Vivir ambas vidas; religiosa y mundana es posible. Cierta vez preguntaron a Aísha (R.A.A): “¿Qué tipo de cosas solía hacer el Profeta en su casa?” Ella respondió: “Trabajaba en lo mismo que su familia, es decir, al servicio de su familia. Sin embargo, cuando llegaba el momento de la oración, salía a la oración».