Equilibrio y nada más

 

Al creyente se le permite disfrutar de todas las cosas buenas sin extravagancia ni desperdicio. Se le permite al hombre comer y beber; usar ropa hermosa, casarse, vivir en casas amplias, cómodas, … le es permitido todo eso siempre y cuando piensa también en la otra vida. El lema del hombre sensato es la aleya siguiente: ¡Señor nuestro!, otórganos los bienes de este mundo y del otro y apártanos del fuego infernal y su tormento. (2:201).